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Por: María Fournier, Directora Ejecutiva de Fundameco

¿Quién no recuerda el primer día que fue a la escuela? Tal vez, no se recuerde con nitidez, pero al menos quedan en nuestra memoria algunos momentos grabados de experiencias lindas, o no tan lindas, de esa etapa.

La escuela fue, para muchos, un lugar en donde iniciaron sus primeros pasos y en donde construyeron oportunidades que se quedaron en su corazón.

Por esta razón, quise compartirles una experiencia bonita, que recuerdo como si fuera ayer. Los primeros días de escuela fueron un reto, porque experimenté muchos temores e inquietudes, así como les pasa a muchos niños.  Para mí era la primera experiencia fuera de la seguridad de mi hogar y de la protección de mi mamá. A pesar de ello, lo recuerdo como un momento apacible y amigable… la diferencia la hizo la Niña Lorena, quien me recibió con un fuerte abrazo en la entrada del aula, al tiempo que se puso a mi nivel para darme la bienvenida con una voz cálida.

El resto de los días estuvieron repletos de ilusión, me puse mi uniforme celeste y los zapatitos negros que recuerdo con enorme cariño. No hay duda de que la Niña Lorena tiene un espacio grande en mi vida y en mi corazón, su amabilidad y bienvenida nunca serán olvidados, porque esas pequeñas cosas hacen la diferencia.

Como docente veo este acto tan valioso como el que hace un doctor en una sala de cirugía o un abogado en su despacho. El accionar de un maestro es fundamental en la vida de cada niño y en la sociedad en general. Por ello, para este inicio de lecciones, desde Fundameco deseamos recordarles a los docentes que tienen un gran reto en sus manos, y que gracias a ustedes podemos construir experiencias inolvidables en la vida de muchos jóvenes estudiantes.



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